Hauxe da, azkenengo igande honetan BECean alderdiak antolatutako ekitaldian, bota nuen hitzaldia. Azken 30 urte hauetan instituzioetan gure ordezkari publikoak egindako lana omentzeko eta alderditik, proposamen poliltiko berria aurkezteko antolatu zen. Bertan hego eta iparraldeko herrialdeen udal ordezkariek ere hartu genun parte.
Estas son las palabras que trasladé este pasado domingo en el acto que, en homenaje al trabajo desarrollado por nuestros cargos públicos durante los últimos 30 años,organizó el EAJ-PNV en el BEC ante unas 4.000 personas. Iñigo Urkullu, Presidente del EBB, formuló igualmente una nueva propuesta política de la que los medios ya se han hecho eco. Mi intervención se situó en el contexto de la protagonizada por representantes municipales de los terrritorios vascos de hegoalde y de iparralde.
"Egun on denoi. Habéis escuchado conmigo a quienes me han precedido. Zenbat erronka, zenbat ilusio eta ahalegin eta ze baliabide gutxi hasierako garai horietan gure herria altxa eta eraikitzeko.
Y con todo ello cuanto capital político acumulado a lo largo de 30 años, desde la buena gestión, desde la honradez y la honestidad, desde el trabajo del día a día, ekin eta ekin, con toda la ilusión y con toda la voluntad, sabiendo cuando había que levantar la vista y vislumbrar las oportunidades y amenazas de futuro, y cuando había que bajarla, apretar los dientes y afrontar las urgencias del día a día de los vecinos y vecinas.
Cada uno desde su puesto, desde su responsabilidad concreta en Ayuntamientos, Diputaciones o Gobierno pero todos y todas unidos bajo unas siglas que se sitúan más allá de la política y que trascienden generaciones en su trabajo por Euskadi.
“Gu sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak” abesten zuen Xabier Letek eta horrela da. Ardaska berriak gara erronka berriei aurre eman behar diegunak.
Y desde Agirre a Ibarretxe, pasando por Leizaola yArdanza, si por algo se ha caracterizado nuestro partido ha sido por saber realizar el diagnóstico, la lectura correcta y acertada de cada momento histórico concreto para actuar en consecuencia y erigirse de esta forma en líder indiscutible de nuestra sociedad.
Llegan nuevos tiempos por tanto que requieren de nuevas respuestas, de nuevos liderazgos. Lo dijo Toffler en el 94: “somos la última generación de una antigua civilización y la primera de una nueva”. Y en esta nueva civilización conceptos como participación, igualdad, sostenibilidad, creatividad y capital humano, adquieren un protagonismo incuestionable.
Y con los nuevos tiempos también nuevos retos políticos. Le llaman “normalidad democrática”, a lo que todos sabemos no es sino el desalojo descarado del nacionalismo democrático por razones de estado. Dos caras, López y Basagoiti, de una misma moneda acuñada en Madrid que en Getxo conocemos muy bien.
Los socialistas aupando a la Alcaldía de Getxo a la derecha española más reaccionaria, la que en Getxo recibe con entusiasmo a Esperanza Aguirre. Este es el escenario en el que están trabajando para el 2011 y no se esfuerzan siquiera en disimularlo.
Pero estar tranquilos, porque se lo vamos poner, muy, pero que muy difícil, porque estamos convencidos que desde el trabajo diario y constante, con y para el vecino, conseguiremos también superar este nuevo y crucial reto.
Lasai egon, irabaziko dugu!
Eskerrik asko. Gora Euskadi askatuta!"
Etiquetas: BEC, EAJ-PNV, eraikitzen, Euskadi
Euskal Herria, Euskadi y los jugadores de fútbol vascos
Autor: Imanol Landa. 2008-11-16. Hora 12:24 PM.
Con la polémica suscitada por los jugadores vascos en torno a la denominación de la selección nacional vasca de fútbol al pil-pil, he recordado como Amatiño ya atinó en un magnífico y elaborado artículo publicado en el Diario Vasco en enero de 2008, a descifrar algunas de las claves que pueden ayudar a entender su origen y razón de ser, y sobre todo a aclarar quien puede estar interesado en la misma. Aquí os los dejo. Aunque extenso, el artículo merece muy mucho ser leído.
"Euskal Herria y Euskadi
Amatiño (El Diario Vasco)
Un erudito poco amigo de veleidades políticas como Julio Caro Baroja nos dejó una bibliografía vasconiana en la que el territorio de trabajo no ofrece dudas. Caro Baroja no es en esto la excepción, sino la regla. Es difícil encontrar un estudio general del País Vasco en el que la identificación del territorio no sea contemplada. Y no es cosa reciente. Ya el alavés Juan Pérez de Lazarraga (eusquel erria, 1564), el labortano Joannes de Leizarraga (heuscal herria, 1571) y el navarro Pedro de Axular (euscal herria, 1643) dejaron constancia de una comunidad constituida, en detalle de este último, por "Naffarroa garaya, Naffarroa beherea, Çuberoa, Lappurdi, Bizcaya, Guipuzcoa y Alaba-herria". Es decir, un zazpiak bat de cuatro siglos.
Esta asunción colectiva no sólo se muestra en los estudios históricos y lingüísticos, sino en la realidad social ajena a todo planteamiento partidista, desde la organización de la Vuelta Ciclista al País Vasco hasta las noticias de Navarra en las ediciones para el País Vasco de los periódicos de Madrid; como vasca es también para el diario aquitano Sud-Ouest la región al sur del Bidasoa. No hay ciudadano informado que dude de que Ives Salaberri, Montxo Armendariz, Amelia Baldeón, Mikel Urizarbarrena o Ainhoa Arteta sean fruto de un territorio llamado Euskal Herria. “Un país que canta y baila a ambos lados del Pirineo” en expresión idílica de Voltaire quien, obviamente, no se refería a los diez kilómetros que separan a Endarlatsa del mar.
Este reconocimiento de la territorialidad de Euskal Herria no se difumina con la distancia. La diáspora vasca demuestra que aquellos pastores, marinos, comerciantes o pelotaris que optaron por emigrar se presentaron ante el mundo como vascos, independientemente de si eran del Pirineo suletino, del valle del Baztan o de la Bizkaia profunda. Y este sentimiento de pertenencia no termina con las emigraciones del siglo XIX o con los exiliados del XX. Sigue vigente en experiencias recientes como la Euskal Etxea de Shanghai, y encarnado en jóvenes embajadores de la globalización industrial vasca del XXI.
Esta percepción se repite en quienes nos ven desde fuera. Tanto se trate de la profesora de la Universidad de Tokio, Susuku Tamura, autora de un manual sobre lengua y cultura vascas, como del diario parisino “L´Equipe”, que explicita en titulares el origen vasco de Josemari Olazabal, o de los surfistas australianos que les invitan a Mundaka-Basque Country o Biarritz-Pays Basque y llegan. Y esto lo ratifican la Enciclopedia Británica, la confitura de cerezas de Itsasu que se comercializa en Paris y la guía de Michelin que habla de “civilization basque”.
Si este territorio cultural e histórico debe tener o no una expresión política llamada Euskadi, es el debate. Un debate no precisamente nuevo, no en vano Sabino Arana dijo ya en 1895: Euzkotarren aberria Euzkadi da. La diferencia semántica entre ambas denominaciones y su complementaridad las expresó el labortano Michel Labéguerie, padre de la “nueva canción vasca”, allá por los años sesenta en la clásica y archipopular Gazteri berria.
Hemen dela Espainia, han dela Frantzia,
mugaren bi aldetan da Euskal Herria.
Gu gira Euskadiko gazteri berria,
Euskadi bakarra da gure aberria.
Esta doble visión se aprecia en las canciones de Benito Lertxundi y Xabier Lete. Frente al esencialismo romántico de Lertxundi, tenemos el existencialismo humanista de Lete. Las canciones de Lertxundi están llenas de loas melancólicas a una Euskal Herria que fue, como si la historia fuera en sí misma una apuesta de libertad. Por el contrario, Lete llora por su patria, Euskadi, a la que ama aunque no le guste lo que en ella ve. La Euskal Herria de Lertxundi es lírica, épica y bucólica, donde todos somos buenos y de los nuestros. La Euskadi de Lete es, por el contrario, fea, dolorosa, colérica, donde uno se puede sentir extraño en su propio país y donde hay, incluso, quien utiliza la argumentación de las armas. El tono de epopeya que reviste las composiciones de Lertxundi nos plantea una identidad fija y determinista, mientras que las propuestas más conductistas de Lete nos ofrecen, no sin incertidumbres, una posibilidad de indulgencia y enriquecimiento mutuos. Es fácil enamorarse de la Euskal Herria de Lertxundi. La cuestión es si existe. Es difícil querer a la Euskadi que Lete ama, pero es la única que hay. Nadie ha muerto ni ha asesinado en nombre de Euskal Herria, pero fueron muchos los que lucharon en el frente por Euskadi y demasiados (uno es ya demasiado) los asesinados en nombre de Euskadi Ta Askatasuna.
Así las cosas, y a la vista de que la izquierda radical nacionalista-socialista que todos entendemos como brazo político de ETA parece últimamente apostar por la denominación Euskal Herria, en detrimento de Euskadi, la cuestión bien podría ser consecuencia de una reflexión no precisamente estética. Se me ocurren tres posibilidades.
La primera, principista, que el mundo de ETA y Batasuna trate de articular su proyecto político con un nombre menos ideologizado y más determinista, con el argumento de generar mayor empatía en Iparralde y Navarra. Se intuye detrás de tal propuesta el éxito pernicioso del terrorismo de despolitizar la sociedad, perdida en un marasmo esencialista, cuando no obligada a un debate eterno sobre la vida y la muerte, en detrimento de la legítima discrepancia social. Tampoco es desdeñable la coincidencia favorable a Euskal Herria entre el MLNV y figuras como Fraga Iribarne. Quizá sea porque ni unos ni otros entienden este País como una verdadera construcción.
La segunda, táctica, que la izquierda radical busque segar la hierba al nacionalismo centrista e institucional representado históricamente por el PNV, restando protagonismo a los símbolos de su legado histórico. Es evidente que el propio nombre de Euskadi es tan producto del nacionalismo histórico como la ikurriña, pero no es menos cierto que nadie discute hoy el carácter nacional de la ikurriña ni le se conoce alternativa alguna. En Navarra está prohibido su uso oficial, precisamente por tratarse de la bandera vasca, en Iparralde su aceptación y penetración es total, tanto en la administración pública como en los sectores comercial y turístico. Y, en el ancho mundo, la ikurriña es el símbolo vasco por excelencia. La implantación de la denominación de Euskadi es, por el contrario, más débil.
Y la tercera, estratégica, que ETA esté preparando el terreno para el día después del abandono de las armas. Ese día, los más de mil muertos de ETA (Euskadi Ta Askatasuna) van a suponer una pesada mochila que alguien tendrá que cargar. Ese mundo dice enorgullecerse de sus cincuenta años de acción armada pero el día después va a resultarle muy duro. Una tentación puede ser la de “nosotros no tuvimos nada que ver con todo eso” o “nosotros estábamos en contra pero no nos hacían caso”. Y para que esa inhibición histórica sea más creíble –incluso para ellos mismos— la mejor solución podría ser el cambio de marca. Es decir, “aquí no ha pasado nada”. Y los que se queden con Euskadi, que apechuguen en el mercado con un nombre sanguinolento de muy difícil explicación ante las nuevas generaciones.
Euskadi es en su propio origen un proyecto político democrático, mientras que hay razones objetivas para temer que la reivindicación política de Euskal Herria esconde otros parámetros distintos de la voluntad mayoritaria de sus ciudadanos. El concepto de Euskal Hiria es morfológicamente cercano a Euskal Herria pero está, sin embargo, en sus antípodas. La propuesta cívica de Euskal Hiria se concilia mucho más con la evolución experimentada por Euskadi en los últimos cien años. Guste más o menos, Euskadi es una entidad política con bandera e himnos conocidos. En términos políticos, Euskal Herria ni tan siquiera tiene colores propios, nunca los ha tenido. Puede que Euskadi presente una imagen “dura”, pero cuando menos es real, con todas sus consecuencias. La imagen de una Euskal Herria meliflua y beatífica, en la que todos somos buenos, sobre todo si somos de los nuestros, no es de este mundo. En Euskadi entran sin duda menos ciudadanos, pero están los que quieren estar. En Euskal Herria entran muchos más, pero a condición de que nadie les pregunte si quieren o no estar dentro. Y eso ya no se lleva."
"Euskal Herria y Euskadi
Amatiño (El Diario Vasco)
Un erudito poco amigo de veleidades políticas como Julio Caro Baroja nos dejó una bibliografía vasconiana en la que el territorio de trabajo no ofrece dudas. Caro Baroja no es en esto la excepción, sino la regla. Es difícil encontrar un estudio general del País Vasco en el que la identificación del territorio no sea contemplada. Y no es cosa reciente. Ya el alavés Juan Pérez de Lazarraga (eusquel erria, 1564), el labortano Joannes de Leizarraga (heuscal herria, 1571) y el navarro Pedro de Axular (euscal herria, 1643) dejaron constancia de una comunidad constituida, en detalle de este último, por "Naffarroa garaya, Naffarroa beherea, Çuberoa, Lappurdi, Bizcaya, Guipuzcoa y Alaba-herria". Es decir, un zazpiak bat de cuatro siglos.
Esta asunción colectiva no sólo se muestra en los estudios históricos y lingüísticos, sino en la realidad social ajena a todo planteamiento partidista, desde la organización de la Vuelta Ciclista al País Vasco hasta las noticias de Navarra en las ediciones para el País Vasco de los periódicos de Madrid; como vasca es también para el diario aquitano Sud-Ouest la región al sur del Bidasoa. No hay ciudadano informado que dude de que Ives Salaberri, Montxo Armendariz, Amelia Baldeón, Mikel Urizarbarrena o Ainhoa Arteta sean fruto de un territorio llamado Euskal Herria. “Un país que canta y baila a ambos lados del Pirineo” en expresión idílica de Voltaire quien, obviamente, no se refería a los diez kilómetros que separan a Endarlatsa del mar.
Este reconocimiento de la territorialidad de Euskal Herria no se difumina con la distancia. La diáspora vasca demuestra que aquellos pastores, marinos, comerciantes o pelotaris que optaron por emigrar se presentaron ante el mundo como vascos, independientemente de si eran del Pirineo suletino, del valle del Baztan o de la Bizkaia profunda. Y este sentimiento de pertenencia no termina con las emigraciones del siglo XIX o con los exiliados del XX. Sigue vigente en experiencias recientes como la Euskal Etxea de Shanghai, y encarnado en jóvenes embajadores de la globalización industrial vasca del XXI.
Esta percepción se repite en quienes nos ven desde fuera. Tanto se trate de la profesora de la Universidad de Tokio, Susuku Tamura, autora de un manual sobre lengua y cultura vascas, como del diario parisino “L´Equipe”, que explicita en titulares el origen vasco de Josemari Olazabal, o de los surfistas australianos que les invitan a Mundaka-Basque Country o Biarritz-Pays Basque y llegan. Y esto lo ratifican la Enciclopedia Británica, la confitura de cerezas de Itsasu que se comercializa en Paris y la guía de Michelin que habla de “civilization basque”.
Si este territorio cultural e histórico debe tener o no una expresión política llamada Euskadi, es el debate. Un debate no precisamente nuevo, no en vano Sabino Arana dijo ya en 1895: Euzkotarren aberria Euzkadi da. La diferencia semántica entre ambas denominaciones y su complementaridad las expresó el labortano Michel Labéguerie, padre de la “nueva canción vasca”, allá por los años sesenta en la clásica y archipopular Gazteri berria.
Hemen dela Espainia, han dela Frantzia,
mugaren bi aldetan da Euskal Herria.
Gu gira Euskadiko gazteri berria,
Euskadi bakarra da gure aberria.
Esta doble visión se aprecia en las canciones de Benito Lertxundi y Xabier Lete. Frente al esencialismo romántico de Lertxundi, tenemos el existencialismo humanista de Lete. Las canciones de Lertxundi están llenas de loas melancólicas a una Euskal Herria que fue, como si la historia fuera en sí misma una apuesta de libertad. Por el contrario, Lete llora por su patria, Euskadi, a la que ama aunque no le guste lo que en ella ve. La Euskal Herria de Lertxundi es lírica, épica y bucólica, donde todos somos buenos y de los nuestros. La Euskadi de Lete es, por el contrario, fea, dolorosa, colérica, donde uno se puede sentir extraño en su propio país y donde hay, incluso, quien utiliza la argumentación de las armas. El tono de epopeya que reviste las composiciones de Lertxundi nos plantea una identidad fija y determinista, mientras que las propuestas más conductistas de Lete nos ofrecen, no sin incertidumbres, una posibilidad de indulgencia y enriquecimiento mutuos. Es fácil enamorarse de la Euskal Herria de Lertxundi. La cuestión es si existe. Es difícil querer a la Euskadi que Lete ama, pero es la única que hay. Nadie ha muerto ni ha asesinado en nombre de Euskal Herria, pero fueron muchos los que lucharon en el frente por Euskadi y demasiados (uno es ya demasiado) los asesinados en nombre de Euskadi Ta Askatasuna.
Así las cosas, y a la vista de que la izquierda radical nacionalista-socialista que todos entendemos como brazo político de ETA parece últimamente apostar por la denominación Euskal Herria, en detrimento de Euskadi, la cuestión bien podría ser consecuencia de una reflexión no precisamente estética. Se me ocurren tres posibilidades.
La primera, principista, que el mundo de ETA y Batasuna trate de articular su proyecto político con un nombre menos ideologizado y más determinista, con el argumento de generar mayor empatía en Iparralde y Navarra. Se intuye detrás de tal propuesta el éxito pernicioso del terrorismo de despolitizar la sociedad, perdida en un marasmo esencialista, cuando no obligada a un debate eterno sobre la vida y la muerte, en detrimento de la legítima discrepancia social. Tampoco es desdeñable la coincidencia favorable a Euskal Herria entre el MLNV y figuras como Fraga Iribarne. Quizá sea porque ni unos ni otros entienden este País como una verdadera construcción.
La segunda, táctica, que la izquierda radical busque segar la hierba al nacionalismo centrista e institucional representado históricamente por el PNV, restando protagonismo a los símbolos de su legado histórico. Es evidente que el propio nombre de Euskadi es tan producto del nacionalismo histórico como la ikurriña, pero no es menos cierto que nadie discute hoy el carácter nacional de la ikurriña ni le se conoce alternativa alguna. En Navarra está prohibido su uso oficial, precisamente por tratarse de la bandera vasca, en Iparralde su aceptación y penetración es total, tanto en la administración pública como en los sectores comercial y turístico. Y, en el ancho mundo, la ikurriña es el símbolo vasco por excelencia. La implantación de la denominación de Euskadi es, por el contrario, más débil.
Y la tercera, estratégica, que ETA esté preparando el terreno para el día después del abandono de las armas. Ese día, los más de mil muertos de ETA (Euskadi Ta Askatasuna) van a suponer una pesada mochila que alguien tendrá que cargar. Ese mundo dice enorgullecerse de sus cincuenta años de acción armada pero el día después va a resultarle muy duro. Una tentación puede ser la de “nosotros no tuvimos nada que ver con todo eso” o “nosotros estábamos en contra pero no nos hacían caso”. Y para que esa inhibición histórica sea más creíble –incluso para ellos mismos— la mejor solución podría ser el cambio de marca. Es decir, “aquí no ha pasado nada”. Y los que se queden con Euskadi, que apechuguen en el mercado con un nombre sanguinolento de muy difícil explicación ante las nuevas generaciones.
Euskadi es en su propio origen un proyecto político democrático, mientras que hay razones objetivas para temer que la reivindicación política de Euskal Herria esconde otros parámetros distintos de la voluntad mayoritaria de sus ciudadanos. El concepto de Euskal Hiria es morfológicamente cercano a Euskal Herria pero está, sin embargo, en sus antípodas. La propuesta cívica de Euskal Hiria se concilia mucho más con la evolución experimentada por Euskadi en los últimos cien años. Guste más o menos, Euskadi es una entidad política con bandera e himnos conocidos. En términos políticos, Euskal Herria ni tan siquiera tiene colores propios, nunca los ha tenido. Puede que Euskadi presente una imagen “dura”, pero cuando menos es real, con todas sus consecuencias. La imagen de una Euskal Herria meliflua y beatífica, en la que todos somos buenos, sobre todo si somos de los nuestros, no es de este mundo. En Euskadi entran sin duda menos ciudadanos, pero están los que quieren estar. En Euskal Herria entran muchos más, pero a condición de que nadie les pregunte si quieren o no estar dentro. Y eso ya no se lleva."
Etiquetas: Euskadi, Euskal-Herria, jugadores vascos de fútbol
La selección vasca con Unai Basurko de abanderado
Autor: Imanol Landa. 2008-07-19. Hora 10:51 PM.¿Vas a ver el debate de hoy Zapatero-Rajoy?
Autor: Imanol Landa. 2008-02-25. Hora 7:17 PM.
Fijate bien y toma nota de las propuestas que ambos “presidenciables” plantean para Euskadi, porque es en Euskadi donde tú vives.
Etiquetas: elecciones generales, Euskadi















